El reto de la imagen física dentro del Yoga


Este es un tema sensitivo, casi subversivo. Hay miles de artículos sobre este tema: el tema de la imagen física dentro del Yoga. Es para mí algo fascinante, porque quizás desde niña tuve que luchar con la triste realidad de ser rechazada por mi aspecto físico. Era gordita desde los dos años, chula, pero gordita. Y me encantaba comer, sobretodo las cositas dulces, algo que honestamente no ha cambiado mucho en mí. Los que me conocen de cerca saben mi famosa frase de “dos por favor”, porque una galletita no era suficiente. Fui siempre la gordita de mi casa, de una familia de mujeres. Y no tan sólo era la gordita, era también la del pelo rebelde. Le decían a mi pelo “la sereta”, una palabra ochentosa de origen desconocido. Y así pasé mis años de infancia y pubertad, siendo el blanco de burlas, relajos, vacilones, todo en nombre de mi muy imperfecta apariencia física. Pero miren, Dios aprieta pero no ahoga y me proveyó de otras cualidades y capacidades que muy bien compensaron mis aparentes carencias físicas.

Como he vivido en carne propia lo que es el rechazo por el físico, me preocupa saber que a pesar de que el Yoga es una filosofía dirigida hacia la liberación interior, que nuestros conceptos sobre la apariencia física se conviertan en cadenas que nos aten a ideas muy erradas sobre las prácticas yóguicas. Y traigo este tema porque como instructora de Yoga siento cierta preocupación por esta tendencia tan marcada que existe en occidente sobre la casi perfección física que deben poseer los practicantes e Instructores de Yoga . Este es un tema sumamente complejo, pero voy a abordar sólo ciertas impresiones personales que he tenido a través de mis años de práctica.

Cuando uno tiene la oportunidad de visitar la India se enfrenta a un mundo yógico que dista mucho de lo que se proyecta en occidente. Los yogis dedicados a la vida espiritual son ascetas, renunciantes, que lo único que muchas veces tienen por ropa es un taparrabos de algodón, algunos un dhoti y otros absolutamente nada. Y en cada viaje he visto como los occidentales se rinden a los pies de los sadhus (son ascetas de ciertas órdenes o akharas), muchos de ellos adictos al hashish, sin saber si son renunciantes genuinos o no lo son. Claro, para un occidental es algo exótico, interesante, diferente, pero muy poco les importa la apariencia poco atractiva de estos ascetas.

Y así, dentro de este contexto cultural llamado India, un asceta, sea gordo, flaco, gorda o flaca (también hay mujeres), con dreadlocks que le llegan a los tobillos, desnudo, con sus partes íntimas expuestas públicamente, con cenizas por todo el cuerpo, con los dientes amarillos, despeinado, es reverenciado. Porque esta apariencia física cumple con un estereotipo determinado y es aceptable que sean así. Pero, cuando esos mismos fascinados occidentales que van a India a estudiar sus cursos de yoga en un ashram regresan al mundo occidental, en vez de imitar la vida sencilla que experimentaron en India, sufren una amnesia temporal y se envuelven en ropas de Lululemon con Yogapants de $100 dólares en adelante. ¡Y entonces comienza la competencia! La competencia del cuerpo y la apariencia.

Es muy difícil salir de estos paradigmas socio-culturales, porque occidente tiene otras realidades. Y la apariencia física juega un papel poderoso en el campo del éxito y las oportunidades para desarrollo individual. Y el Yoga está sujeto a esta realidad, pues en occidente ha crecido esta filosofía dentro de una dinámica cultural que no es fácil de diluir. Por eso, a medida que un practicante va despertando interiormente y comienza a contactar con aspectos de su persona que van más allá del límite físico, entonces la apreciación hacia los demás trasciende la apariencia, pues aprende a ver en su prójimo lo que descubre de sí mismo. Y el aprecio que desea para sí mismo(a) lo proyecta en su trato para con los demás, en una mayor aceptación de las diferencias que este mundo tiene y que son inevitables.

Así, uno ve como en grandes estudios de Yoga, particularmente en los Estados Unidos, hay un culto entre Yoga y belleza. Y uno ve que esas clases están llenas de muchachas y muchachos jóvenes, atléticos, con cuerpazos brutales. Y cuando llega una persona sobrepeso a esas clases pueden pasar dos cosas: o se motiva o sale corriendo (casi siempre la segunda). Por eso hoy día están surgiendo más instructores dispuestos a trabajar con estas aparentes limitaciones físicas, porque hay personas que están sobrepeso pero les fascina el Yoga y no pueden practicar en muchos lugares porque no pueden ejecutar el tipo de asanas que allí se enseñan. De hecho, hay instructores(as) que son gorditos(as) que tienen una capacidad física increíble y son maestros de primera. Por eso, la apariencia siempre ha sido un arma de doble filo, porque es como dicen mis queridos hermanos boricuas “todo capota y pintura”.

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